martes 6 de noviembre de 2007

felicitaciones Daniel Minenna mejor Argentino en NY

Felicitaciones Daniel por ser el mejor Argentino en la maratón de NY

Daniel Minenna 44M ARG 3:05:39

martes 9 de octubre de 2007

Roberto Fusaro el nuevo Federer

"Parece que el primer argentino que complete el Grand Slam se va a definir en el asfalto de Berlín, ¿cómo te ves en un mano a mano con Gaume?" El mensaje de Javier me tomó por sorpresa, no sabía que Marcelo iba a esta carrera. Faltaban pocos días y si bien ésta debía ser mi maratón más tranquila, la ansiedad ya empezaba a hacerse presente. Aparecían los síntomas de la laringitis que me había tenido a mal traer tres semanas en agosto (¿miedo escénico?), y aunque mi objetivo era simplemente completar las cinco "Majors" (no tenía forma de confirmar si otro argentino lo había hecho antes), no podía negar que el mensaje me sumaba presión.
"Voy a hacer un fondo porque estoy preparando New York", me respondió Marcelo cuando ya la ansiedad parecía bajar. El clima se pronosticaba frío y lluvioso, lo cual me tranquilizaba: no quería repetir la experiencia de Londres o la más cercana de la media de Buenos Aires. ¿Lograré hacer mi mejor tiempo? Según los entrenamientos debería alegrarme con 3h 20', 3h 15' estaba fuera de discusión.
Los días previos en Berlín eran frescos, nublados y lluviosos. "Es el peor lugar para la previa de una maratón," pensaba mientras deglutía uno de los más insulsos platos de pasta de mi vida. Recordaba las palabras de Alfio hace unos años en una situación similar: "Es como comer Power Gel con tenedor."
Quedamos en encontrarnos en la estación a las 7:15 para ir a la largada. 7:05 bajamos simultáneamente de nuestros respectivos trenes. Mi ansiedad es más que esperable, pero veo que Marcelo es más puntual (o ansioso) que yo. Hace frío y está nublado, pero no llueve. Hay un poco de viento, pero no debería molestar demasiado. Mejor imposible. Siete y veinte ya estamos en la zona reservada a corredores. Mi intestino decide aliviar un poco mi ansiedad y elimina los pocos residuos sólidos que me quedan. Me ajusto los cordones por enésima vez mientras le pregunto a Marcelo por qué no largamos ya. Falta más de una hora y media y no me imagino cómo hacer pasar el tiempo. Trato de elongar, pero lo hago a desgano. Definimos planes de carrera: "Voy a seguir a las liebres de 3h 15' mientras pueda", comento. "ok, te sigo hasta el km 30 y después bajo el ritmo," responde Marcelo, agregando "si no te molesta." "Para nada, basta que no me hables", le digo con mi clásica simpatía en estas circunstancias.
De alguna manera los minutos pasan y ya es el momento de ir a nuestro corral de largada. Por suerte equivocamos el camino y pasamos por el sector de élite donde está Gebrselassie haciendo ejercicios de movilidad de columna. "La osteópata lo debe volver más loco que a mí", pienso mientras me pellizco para confirmar que es verdad que tengo a un monstruo a un metro de distancia.
Llegamos al corral. "¿Otra vez?", se ríe Marcelo mientras me ve ajustarme los cordones de las zapatillas. No están las liebres de 3h15'. Vemos de 3h00' y de 3h30', pero nada intermedio. "Paciencia, hago mi carrera," digo mientras la adrenalina elimina todo síntoma de nerviosismo. Me arrodillo en la clásica posición de matador para depositar en una botella los últimos residuos líquidos. "Parece que Salas vuelve a la selección" me cuenta Marcelo indiferente. Faltan tres minutos. Hora de quitarse los abrigos. Deseos mutuos de suerte y a esperar el disparo.
Disparo. Sale la élite y nosotros caminamos, pero apenas piso la alfombra estoy corriendo libremente. Parece vibrar el alfalto con el paso de 40.000 personas y los gritos de aliento de los costados. Decido seguir la "línea azul", no tanto por hacer el camino más corto sino por pisar el mismo lugar que la elite pisa minutos. antes. Siento que voy rápido, pero el primer km marco 4'41". Debo haber perdido algo de tiempo en la largada sin darme cuenta, vamos a mantener el ritmo. Siento las piernas frías, la ansiedad me impidió entrar debidamente en calor. 4'18" el segundo km, ¡eso es rápido!, vamos a tratar de estabilizarnos sin superar las 170 pulsaciones. Me aprieta la zapatilla derecha, ¿habré exagerado al ajustarlas? Las piernas siguen frías. ¿Me acalambraré?, me río pensando que hay más Total Magnesiano en mi cuerpo que en todo el laboratorio Temis Lostaló, y me doy cuenta que la ansiedad me sale por las orejas.
4'26" el tercer km. Eso está bien, pienso. Empiezo a disfrutar, corro cómodo y suelto. No me tengo que confiar, la verdadera carrera empieza después de los 30 km, a ver si me pasa como en Boston. "Esta vez al muro lo espero con la guardia bien alta", pienso. El grupo a mi alrededor, o mejor dicho pocos metros adelante, se hace más estable. Un policia israelí, Flávio con una remera de un grupo de corredores de Brasil, una "liebre" de St. George (o eso dice la remera). Y obviamente Marcelo que sigue (mudo) al lado mío.
Después del cuarto km alcanzo las liebres de 3h 15'. Trato de seguirlas pero las piernas quieren ir más rápido. Mejor no las paso, a ver si después me quedo en los últimos kilómetros y me vuelven a pasar ellos, como en Chicago, pienso. "Pero en Chicago hice 3h 17', compro!" me respondo y me dejo ir.
Pasamos el km 6 y veo la estación de tren, el grupo sigue siendo más o menos el mismo. "Ellos deben buscar 3h 10' ", pienso mientras me pregunto hasta cuándo les seguiré el ritmo. La gente a los costados sigue alentando, aunque la percibo un poco más fría que en otros lados. Mucho aplauso, poco grito, y los gritos no puedo entenderlos.
Km 9, primer Power Gel. Esperemos que el estómago responda bien. Mucha agua para evitar problemas. Los puestos de hidratación son excelentes. Muy amplios como para poder acercarse sin chocar otros corredores y obviamente con toneladas de bebidas. Inclusive prepararon mesas para que cualquiera (no sólo la élite) pudiera depositar sus propias bebidas. Me divierte ver cómo algunos trataron de identificar sus botellas con banderas y adornos de todo tipo.
Entramos en la ex Berlín Oriental. Me permito un gesto de distracción y le señalo a Marcelo los típicos edificios tipo monoblock de la época comunista. Km 14, casi un tercio de carrera en 1h 02' y sintiéndome bien. "Hoy puede ser un gran día", siento a Serrat repetirme en la cabeza.
Poco después del km 18 aparece el gran enemigo: el sol. Me preocupo. Pero en ese momento me doy cuenta de que el circuito está bastante arbolado. ¿Seguirá así? Seguirá así por gran parte del recorrido, no puede ser casualidad, los organizadores siguieron los consejos de Napoleón.
Km 19. Marcelo se permite dirigirme la palabra y me dice que va a apurar un poco, que mantenga mi ritmo y no lo siga. Asiento con un movimiento de cabeza tan expresivo como don Corleone y lo veo alejarse pero estabilizarse unos pocos metros más adelante. ¿Creerá que voy muy rápido y no quiere tener responsabilidades? Me sigo sintiendo bien pero me repito que la carrera recién empieza a los 30.
Media maratón. 1h 34'. Serrat sigue cantando, pero me empiezo a sentir menos cómodo. Muy temprano para el bajón, espero que el Power que acabo de tomar me ayude. Siento que tengo que hacer más esfuerzo pero las pulsaciones no suben y el reloj no me defrauda: 4'35, 4'31". En una esquina veo la "Trattoria del Corso" y pienso lo bien que me vendría un buen plato de pastas, pero falta mucho para eso.
Km 26 en 4´46". Alarma. No es grave, pero no puedo seguir bajando. A este ritmo llegaría tranquilo en 3h 15', pero más adelante seguramente voy a decaer así que necesito más "reserva". Flávio sigue ahí adelante y Marcelo un poco más allá. Me levanta el ánimo verlos, siento que el bajón es normal.
Curva. Hay un voluntario parado en el medio de la calle para que no tropecemos con el cordón de una pequeña plazoleta. "Si los organizadores pusieron todo, yo no puedo ser menos", pienso y sigo empujando. Los siguientes km me dicen 4'37" y 4'32", aunque siento que voy demasiado lento, el reloj me devuelve optimismo.
Km 28, casi dos tercios de carrera. 2h 06'. "Gebre ya debe haber llegado, qué suerte tiene", me digo. Sigo tratando de hacer cuentas con el cerebro en déficit de glucosa y me sorprende el puesto de hidratación del km 30 sin haber tomado el Power Gel. Quedará para el próximo. Paso a Marcelo que ya está bajando el ritmo. "Dale, que vas bien", me alienta. "Lo sé, pero ahora viene lo más duro", tengo ganas de responderle.
Degluto el Power suponiendo que la hidración está a pocos metros, pero no aparece. La garganta se empieza a secar, me viene malestar de estómago y las piernas me parecen cada vez más pesadas. ¿Me estaré deshidratando? ¿O es todo psicológico? No hay que pensar en nada, me digo. Un paso a la vez, es lo único que importa. Finalmente aparece el puesto de hidratación y degluto dos vasos de agua. Me siento mejor pero la euforia me dura poco más de un kilómetro. El isquiotibial derecho empieza a acalambrarse. ¿Cómo el derecho si mis músculos izquierdos son más cortos?, protesto. "Porque forzás el derecho para compensar" retumba la voz de la osteópata en mi cabeza. "No te voy a dar el gusto maldito músculo", me enojo, "no voy a modificar el movimiento para que te termines acalambrando del todo como en Boston. Voy a seguir como si nada y si me llegás a parar te pongo en formol y te dono a un museo."
No sé si por la hidratación, por mi amenaza o por otro motivo, pero de a poco va pasando. El reloj me devuelve 5'18" en el km 34. Vamos, un paso a la vez, pero un poquito más rápido. Veo una bandera argentina en la terraza de un edificio (luego sabría que es la embajada) y me hace sentir bien, no tanto por patriotismo sino por darme cuenta de que a esa altura sigo con la cabeza levantada. Miro el Garmin para tener idea del ritmo y me devuelve un improbable 2' 34". "Debo estar por pasarlo a Gebre", me río.
Trato de hacer cuentas. Tengo que mantenerme abajo de 5'00" para llegar en 3h 15'. Duro. "Al menos bajar 3h 17' y mejorar mi récord personal no estaría tan mal", me digo e inmeditamente descarto el pensamiento derrotista. Concentración. Un paso a la vez que falta menos. El km 35 me devuelve 4'36" y me levanta el ánimo. Flávio ya no está. "Debe estar buscando las 3h 10'," pienso. Trato de extraer fuerzas de la gente alrededor. Una banda toca y unas chicas bailan. Me parecen sin gracia, aunque reconozco que no estoy del mejor humor para juzgar estas cosas. Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que no hubo un metro de circuito sin gente alentando. Otra bandera argentina, esta vez entre el público. La señalo y me señalo tratando de hacerme entender sin gastar energías hablando, pero recibo sólo gritos (¿de aliento?) en alemán.
Viene una pequeña bajada que para mí es como una pista de esquí. Los organizadores me la pusieron para favorecerme, no puedo decepcionarlos, me iludo. Curva y km 40. Tengo ganas de salir corriendo a fondo, pero "a fondo" en ese momento es lo que estoy haciendo: un paso a la vez.
Otra curva. "Ya tendría que ver la puerta de Brandenburgo", me quejo al tiempo que me recuerdo que tengo que hacer 400m después de la puerta, y seguramente van a ser los 400m más largos de la carrera. Me parece divisarla una y otra vez hasta que me doy cuenta de que los mismos árboles que me protegieron buena parte del circuito son los que me impiden verla. Al que sí veo de golpe es a Flávio. Se está quedando y lo voy a pasar. Tengo ganas de decirle algo pero creo que es mejor esperar a la llegada.
Km 41. Al fin se deja ver la puerta de Brandenburgo. ¡Ahí vamos! Entro en la plaza Parisers, ahora sí hay un verdadero griterío del público. Me dan ganas de abrazar a cada uno, pero primero hay que llegar. Cruzo la puerta y ahora tengo fuerzas para correr, otra que correr, floto. Km 42. Un fotógrafo me apunta desde el piso y lo saludo con el puño en alto, casi decido saltar pero no me animo. Paro el reloj en 3h 14' 38". E-X-C-E-P-C-I-O-N-A-L.
Trato de seguir caminando lentamente. La realidad empieza a hacerse sentir pero estoy feliz: 3:14:38! Giro la cabeza y lo veo a Flávio. No sé si llegó antes o después que yo. Me acerco a felicitarlo y a agradecerle por haber sido mi liebre sin saberlo.
Sigo. Me siento débil. Tengo frío, sed y hambre. El estómago está irritado y me duele todo el cuerpo, excepto los brazos (debo haber corrido relajado, de algo sirvieron las insistencias de Luis). 3:14:38! Casi no lo puedo creer. La alegría me ayuda a seguir caminando.
Me ponen la medalla y me cubren con una manta. Me parece que voy a desmayarme en cualquier momento y no parece una mala idea. 3:14:38! Quiero gritar de alegría pero no tengo fuerzas. El agua me hace bien, veo bananas pero sospecho que mi estómago no las va a aceptar. Escucho por parlantes que Gebre batió el récord mundial. ¿Quién estará más contento, él o yo? Más fácil saber quién está más destruido.
Llego al sector de masajes. ¿Habrá mucha gente? Sí, pero también hay muchos masajistas. Sólo tengo que esperar que terminen de atender al que está en la camilla. Cuando llega mi turno pienso que me van a tener que sacar con la policía. Creo que la masajista es mi hada madrina, no quiero irme pero veo al que me sigue y siento que se lo merece tanto como yo.
Red Bull. ¿Me deshidratadará? Lo tomo esperando que me dé una una inyección de energía. Tardo siglos en llegar a buscar mi ropa. "Eso por inscribirte a último momento", me protesto. 3:14:38! me digo para calmarme. Paso por un stand de cerveza y me muero de ganas pero sé que es demasiado para mi estómago. Finalmente recojo la ropa. 200m más hasta el vestuario que se hacen interminables. Oigo el ruido de los dientes que castañetean de frío. Me haría bien una ducha caliente, pienso al momento que lo descarto porque no tengo con qué secarme. Ropa seca y abrigo van a ser más que suficientes. Mientras tanto el estómago decide que el Red Bull no le cae simpático y lo manda de vuelta por donde vino.
El vestuario es una agradable sorpresa. Sencillo (una carpa), pero como está comunicado con las duchas hace calor. Eso me reanima. Con ropa seca soy otra persona. Salgo y lo encuentro a Marcelo. 3:14:38! le digo apenas lo veo. Nos abrazamos. "Cambiate tranquilo, te espero acá", le digo mientras enciendo el celular para comunicar mi alegría al mundo.

Roberto

martes 2 de octubre de 2007

carrera BBVA




lunes 1 de octubre de 2007

Fusaro impresionante lo tuyo en Belin

Roberto sos un maestro,increíble tu tiempo 3h 14' y además ser parte del día que se logró un record mundial.
esperamos tu relato
Luis impresionante

lunes 10 de septiembre de 2007







lunes 6 de agosto de 2007

10 k RBK


Felictaciones Dani por tus 39' en los 1o km de rbk

lunes 16 de julio de 2007

grande jorge